El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Bien, pues —añadió el explorador, con el ánimo propio de un hombre indeciso—, añadiré al «mata-ciervos» como parte del trato. Tienes la palabra de un experto cazador; es una pieza sin igual en todo el territorio de las provincias.
Magua continuó sin interesarse, mientras se esforzaba por apartar a los congregados.
—Quizá —siguió el explorador, perdiendo su paciencia a medida que el otro mostraba más indiferencia—, si me comprometo a instruirles a los tuyos en el correcto manejo de las armas, podrÃamos llegar a un acuerdo.
Le Renard ordenó con enojo a los delaware que se apartaran, ya que éstos insistÃan en rodearle con la intención de que escuchara las amigables propuestas. Con su mirada, les amenazó con recurrir de nuevo al «profeta» de la tribu.