El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Generado, por tan magnánima oferta, un murmullo de aprobación, débil pero evidente, hizo eco entre la multitud; incluso el más fiero de los guerreros alababa la profunda hombrÃa del sacrificio a realizar. Magua hizo una pausa, y se puede decir que se quedó dubitativo por un instante; y tras dedicarle una mirada a Cora que combinaba de un modo extraño la agresividad con la admiración, se decidió por fin a favor de su propósito inicial.
Mediante un gesto de desprecio, echando la cabeza hacia atrás, rechazó la oferta y dijo con voz firme y decidida:
—Le Renard Subtil es un gran jefe; sólo se decide una vez. Vámonos —añadió mientras agarraba a su cautiva por el hombro, obligándola a proseguir—. Un hurón no pierde el tiempo hablando; nos vamos.
La dama se echó atrás con airado temperamento femenino, a la vez que su mirada echaba fuego y sus facciones se enrojecÃan ante tan indignantes modos.