El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Es usted un hombre joven, comandante —dijo el explorador, posando la culata del «mata-ciervos» en el suelo, apoyándose en el cañón y mostrando ciertos signos de cansancio por el esfuerzo realizado—, y posiblemente su destino sea el de dirigir los ejércitos algún dÃa contra estos indeseables mingos. Aquà puede aprender la filosofÃa de la lucha india. Requiere principalmente destreza manual, rapidez de vista y una buena cobertura. Ahora bien, si dispusiera usted de las Reales Fuerzas Americanas en este momento, ¿cómo les harÃa enfrentarse a la situación?
—La bayoneta les abrirÃa el camino.
—Puede haber cierta lógica en sus razonamientos, pero un hombre debe plantearse cuántas vidas puede conseguir salvar en este bosque. Nada; serán los caballos[35] —continuó diciendo el explorador, mientras agitaba la cabeza con gesto negativo—, los caballos, me temo, van a ser los que decidan estas escaramuzas. Tales animales resultan mejores que los hombres, y al final se tendrá que recurrir a ellos. Una pezuña de caballo herrada frente al mocasÃn de un indio hará que una vez vaciado su fusil, el indio no se detenga para volverlo a cargar.
—Será mejor discutir este asunto en otro momento —le respondió Heyward—. ¿Avanzamos?