El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Acto seguido, se volvió para hablar en voz alta a sus guerreros. Sus palabras fueron contestadas con un grito y, al darse una señal, cada uno de ellos se movió rápidamente alrededor del árbol tras el que se parapetaba. Al ver tantas formas oscuras surgir a la vez, y tan repentinamente, los hurones perdieron los nervios momentáneamente y comenzaron a errar en el tiro. Sin pararse siquiera para respirar, los delaware avanzaron a saltos hacia la zona de los matorrales, como un grupo de panteras abalanzándose sobre sus presas. Ojo de halcón estaba al frente, blandiendo su mortÃfera arma y animando a los suyos con su ejemplo. Ciertamente, algunos de los más veteranos y experimentados hurones no se dejaron sorprender por la maniobra e hicieron fuego con fatÃdica precisión, justificando los temores del explorador al acertar a tres de sus guerreros más adelantados. De todos modos, esto no fue suficiente para repeler el Ãmpetu de la carga. Los delaware se introdujeron en la zona de cobijo de sus enemigos con esa ferocidad que les caracteriza, eliminando todo vestigio de resistencia en su furioso avance.