El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El combate continuó brevemente con un enfrentamiento cuerpo a cuerpo que hizo que los asaltados cedieran terreno rápidamente y retrocedieran hasta el margen opuesto de la extensión arbórea, en donde se aferraban a la poca cobertura que tenían como animales acorralados. En ese crucial momento, cuando el éxito de la lucha volvió a quedar en entredicho, se pudo oír en la retaguardia de los hurones el estallido de un fusil, y el zumbido de una bala que procedía del lugar frecuentado por los castores, en el claro situado detrás de los asediados. Justo a continuación, se pudo percibir el feroz y escalofriante estruendo del grito de la guerra.
—¡Ése es el sagamore! —exclamó Ojo de halcón, contestando el alarido con una vociferación igualmente intensa—. ¡Los tenemos entre dos fuegos!
Esto tuvo un efecto inmediato sobre los hurones. Amedrentados por el ataque que se producía desde un cuadrante que no podían defender, los guerreros emitieron exclamaciones llenas de decepción y se dispersaron en conjunto, corriendo hacia el claro con el único objetivo de huir. En su empeño, muchos cayeron a merced de las balas de los delaware que les perseguían.