La carretera
La carretera Mientras el niño dormÃa, el hombre oyó el crujido de ramas. Sujetó la pistola, cada fibra de su cuerpo tensa. Vio una figura moverse entre los árboles, acercándose lentamente.
—¡Detente! —gruñó, apuntando con la pistola. La figura se congeló. Era un hombre delgado, con los ojos hundidos y las manos levantadas. No llevaba armas visibles.
—No quiero problemas —dijo el extraño, su voz rasposa. —Aléjate. —Por favor... tengo un hijo. Solo busco comida.
El hombre sintió un nudo en el pecho. Bajó la pistola ligeramente, pero no del todo. —No tengo nada para ti.
El extraño asintió y retrocedió lentamente hasta desaparecer entre los árboles. El hombre esperó un largo rato antes de relajarse. La carretera no ofrecÃa espacio para la compasión, no sin un precio.
A la mañana siguiente, retomaron el camino. Pero algo habÃa cambiado. El hombre se sentÃa más débil, más lento. La tos era más frecuente, y cada paso requerÃa un esfuerzo sobrehumano.
Finalmente, cayeron en un bosque junto a la carretera. El hombre se detuvo, dejando caer el carrito. Se sentó en el suelo, incapaz de seguir.
—Papá... ¿estás bien? —Estoy cansado.