La carretera
La carretera Lo que vieron abajo los dejó paralizados. Una docena de personas, famélicas y encadenadas a la pared, apenas respiraban. Sus ojos se movieron lentamente hacia ellos, llenos de desesperación. Uno de ellos intentó hablar, pero su voz era un susurro incomprensible.
—¡Papá! —jadeó el niño, retrocediendo con horror. El hombre cerró la puerta de golpe, su mente trabajando frenéticamente. No podÃan hacer nada por ellos, y quedarse allà significaba que quien los habÃa encerrado volverÃa.
—Vámonos —dijo con voz firme, tirando del brazo del niño.
Salieron del edificio apresuradamente, empujando el carrito por la carretera. Las imágenes del sótano se quedaban grabadas en sus mentes, como sombras que nunca podrÃan olvidar.
—¿Por qué estaban all� —preguntó el niño después de un largo silencio. El hombre suspiró. —Porque el mundo es asà ahora.
El niño lo miró con una mezcla de tristeza y confusión, como si tratara de entender algo que no podÃa.
Esa noche acamparon lejos del edificio. El hombre sabÃa que alguien los seguÃa, aunque no lo veÃa. Un instinto antiguo, afilado por el hambre y el miedo, lo mantenÃa en alerta. No encendieron fuego; el frÃo era preferible a atraer atención.