La carretera
La carretera El hombre intercambió una mirada con la mujer antes de responder. —SÃ. Llevamos el fuego, como tú.
Algo en esas palabras rompió las barreras del niño. Sintió el peso de las lágrimas, la marea de emociones que habÃa estado conteniendo.
Esa noche, por primera vez en semanas, no durmió solo. Compartió comida con ellos, escuchó sus historias, y sintió que algo dentro de él comenzaba a sanar.
El hombre le enseñó a cazar con trampas, a leer las señales del terreno. La mujer lo abrazaba cuando tenÃa pesadillas. Los otros niños lo aceptaron como si siempre hubiera sido parte de ellos.
El niño aún extrañaba a su padre, pero comprendÃa que el viaje no habÃa terminado. Llevaba el fuego dentro de él, y ese fuego era más que la supervivencia. Era la promesa de algo mejor, algo que no podÃa nombrar pero que sentÃa en cada paso hacia adelante.
Al final, la carretera no era solo un camino. Era un legado.