La carretera
La carretera El niño lloró en silencio mientras el hombre cerraba los ojos por última vez. Por un momento, el mundo se detuvo, el gris de la carretera mezclándose con el vacÃo en su pecho. Pero las palabras de su padre seguÃan resonando. "Lleva el fuego."
Pasaron horas antes de que el niño se levantara. Tomó el carrito, revisó las provisiones que quedaban y se puso en marcha. La carretera lo llamaba, un interminable rÃo de ceniza que debÃa recorrer.
Caminó solo durante dÃas, sintiéndose pequeño en un mundo demasiado grande. El hambre era un cuchillo constante, y el frÃo lo abrazaba con garras invisibles. Pero seguÃa adelante, porque era lo que su padre habrÃa querido.
Finalmente, un dÃa, encontró algo inesperado: un hombre y una mujer con dos niños, acampados junto a un rÃo seco. ParecÃan diferentes, menos rotos por el mundo. El hombre lo vio primero, levantándose con cautela.
—¿Estás solo? —preguntó, su voz firme pero no hostil. El niño asintió, apretando el carrito como si fuera su única ancla.
—¿Tienes hambre? —dijo la mujer, acercándose con lentitud. El niño dudó. Recordó las advertencias de su padre, el peligro de confiar en extraños. Pero también recordó las palabras sobre el fuego.
—¿Son buenos? —preguntó, su voz temblorosa.