La carretera
La carretera —¿Tú crees que la gente de aquí escapó? —preguntó el niño, mirando las ruinas a su alrededor. —Tal vez. —¿Y si vuelven? El hombre no respondió. Su mirada estaba fija en la carretera, donde un punto oscuro comenzaba a moverse hacia ellos.
—¡Corre! —le ordenó al niño, mientras tomaba el carrito y lo empujaba hacia la arboleda más cercana. Se ocultaron entre los árboles, su respiración apenas contenida.
El punto oscuro tomó forma: tres hombres avanzaban por la carretera. Uno de ellos llevaba una escopeta. Sus voces resonaban, burlándose de una conversación que nadie más podía escuchar. —¿Papá? —susurró el niño. —Silencio.
El hombre apretó la pistola, sabiendo que dos balas no serían suficientes. Los extraños pasaron de largo, pero no sin detenerse un momento a mirar las ruinas. El hombre sintió cómo el sudor frío le recorría la espalda, el dedo listo para jalar el gatillo si alguno se acercaba demasiado.
Cuando los hombres desaparecieron, esperaron aún más, envueltos en un silencio absoluto. Finalmente, el hombre se giró hacia el niño. —Estamos bien.
