La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —Jim… Jim… ¿Qué haces?… ¿Por qué haces esto?… Te vas a hacer daño.
El soldado alto seguÃa con el mismo propósito reflejado en el rostro. Protestó con aire soñoliento, manteniendo la mirada perdida en el mÃstico lugar de sus intenciones.
—No, no…, no me toques… Déjame…, déjame.
El joven, aterrado y lleno de estupefacción ante el comportamiento del soldado alto, le preguntó con voz temblorosa:
—¿Adónde vas, Jim? ¿En qué estás pensando? ¿A dónde vas? DÃmelo, ¿quieres, Jim?
El soldado alto miró hacia atrás como si allà hubiera perseguidores implacables. Sus ojos reflejaban una inmensa imploración.
—Dejadme en paz, por favor. Dejadme sólo un minuto.
El joven retrocedió.
—Vamos, Jim —dijo aturdido—. ¿Qué te ocurre?