La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¡Santo cielo! —exclamó el soldado harapiento.
El joven habÃa contemplado fascinado aquel ceremonial en el lugar de la cita. Su rostro se habÃa contraÃdo, expresando en cada mueca la agonÃa que habÃa imaginado en su amigo.
Se incorporó de un salto y, acercándose a él, observó el rostro acartonado. TenÃa la boca abierta y mostraba los dientes en una sonrisa.
TenÃa abierta parte de la guerrera azul y el chico pudo ver que aquella parte del cuerpo ofrecÃa el aspecto de haber sido devorada por los lobos.
El joven se giró con rabia repentina y lÃvida hacia el campo de batalla. Agitó el puño. ParecÃa estar a punto de soltar una amarga diatriba.
—Maldita sea…
El sol rojo estaba adherido al cielo como una oblea.