La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —Ve con ojo, Henry, y cuídate mucho en ese asunto de la guerra…, ve con ojo y cuídate mucho. No creas que puedes acabar con todo el ejército rebelde a la primera, porque no es así. No eres más que un muchacho entre tantos otros, y tendrás que permanecer callado y hacer lo que te manden. Yo sé cómo eres, Henry.
»Te he tejido ocho pares de calcetines, Henry, y te he metido tus mejores camisas, porque quiero que mi chico esté tan abrigado y cómodo como cualquiera del ejército. En cuanto les salgan agujeros quiero que me los mandes inmediatamente, para que pueda remendarlos.
»Y ten cuidado también al elegir compañía. Hay muchos hombres malos en el ejército, Henry. El ejército los vuelve salvajes y lo que más les gusta es descarriar a jóvenes como tú, que casi no han salido de casa y que además tienen una madre, y enseñarles a beber y a blasfemar. Mantente alejado de esos tipos, Henry. No quiero que hagas nada, Henry, que te avergüence contarme. Tú actúa como si yo te estuviera viendo. Si tienes eso siempre en mente, creo que todo te irá bien.
»Debes también acordarte siempre de tu padre, hijo, y recuerda que no bebió ni una gota de licor en su vida, y que casi nunca blasfemó.