La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Sin embargo, la derrota de su plan inicial no lo abatió, pues, tras haber estudiado cuidadosamente la situación, habÃa llegado a la conclusión de que las objeciones eran insalvables.
Además, empezaba a sentir varias dolencias. Con ellas no podÃa proseguir en el elevado vuelo guerrero; le impedÃan verse completamente como un héroe. Tropezó y cayó de bruces.
Descubrió que tenÃa una sed abrasadora. Su cara estaba tan seca y mugrienta que creyó sentir que se le desgarraba la piel. Le dolÃan todos los huesos del cuerpo, que parecÃan amenazar con romperse a cada movimiento. Sus pies eran como dos llagas. Además, su cuerpo le exigÃa comida. Era una exigencia más poderosa que el hambre, se trataba de una sensación sorda, como un peso en el estómago y, cuando intentó caminar, su cabeza se balanceó y él se tambaleó. No podÃa ver con claridad. Pequeñas franjas de niebla verde flotaban ante sus ojos.