La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¿Con quién hablas, Wilson? —preguntó, con voz de enfado—. ¿Con quién hablas? Eres el peor centinela… Vaya… Hola, Henry, estás aquÃ. Creà que llevabas horas muerto. Por amor de Dios, cada diez minutos o asà no dejan de aparecer. CreÃamos haber perdido a cuarenta y dos hombres en el recuento inmediato pero, si siguen llegando como hasta ahora, la compañÃa volverá a estar completa por la mañana. ¿Dónde has estado?
—A la derecha, más allá. Me perdÃ… —comenzó el joven, locuaz.
Pero su amigo le interrumpió rápidamente.
—SÃ, y le dispararon en la cabeza, está grave, tenemos que atenderle inmediatamente.
Apoyó el fusil en el hueco del brazo izquierdo. Y rodeó con el derecho el hombro del muchacho.
—Jesús, debe de doler muchÃsimo —dijo.
El joven se apoyó pesadamente sobre su amigo.
—Duele, sÃ, duele bastante —respondió, con la voz entrecortada.
—Oh —exclamó el cabo. Enlazó su brazo con el del muchacho y le condujo hacia adelante—. Vamos, Henry. Yo cuidaré de ti.
Caminaban juntos y les llegó el grito del soldado chillón: