La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Después de la reprobación, el muchacho no habló más. Una exquisita somnolencia se extendió por su cuerpo. La cálida comodidad de la manta le envolvía y le provocaba una suave languidez. Dejó caer su cabeza sobre el brazo doblado y sus pesados párpados descendieron lentamente sobre sus ojos. Al oír en la distancia unos disparos de fusiles, se preguntó indiferente si esos hombres lograban dormir alguna vez. Lanzó un profundo suspiro, se acurrucó en la manta y enseguida estaba durmiendo como sus camaradas.