La roja insignia del valor
La roja insignia del valor CUANDO EL JOVEN DESPERTÓ tuvo la impresión de que había dormido durante mil años y la convicción de que abría los ojos a un mundo inesperado. Lentamente los incipientes rayos de sol se abrían paso en la neblina gris. En el cielo oriental podía divisarse un esplendor inminente. El rocío helado le enfriaba la cara, y nada más despertarse, se arrebujó aún más con su manta. Estuvo contemplando durante un rato las hojas acumuladas encima de él, meciéndose al viento precursor del día.
Se oía el lejano y atronador estallido de una batalla. Aquel fragor expresaba una persistencia mortífera, que parecía carecer de principio y fin.