La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —Bueno, no querÃa decir… —comenzó el muchacho.
El amigo hizo otro gesto reprobatorio.
—No te preocupes, Henry.
Se produjo otra pequeña pausa.
—El regimiento perdió ayer a más de la mitad de sus hombres —apuntó finalmente el amigo—. Llegué a pensar que habÃan muerto todos, pero vaya, no han dejado de llegar durante toda la noche y parece que, después de todo, sólo hemos perdido a unos cuantos. Se habÃan desperdigado por todas partes, merodeaban por el bosque, luchaban con otros regimientos y todo eso. Igual que tú.
—Ah, ¿s� —dijo el joven.