La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Algunos de los hombres murmuraron y miraron al muchacho atemorizados. Estaba claro que mientras él habÃa continuado cargando, disparando y blasfemando sin interrupción, ellos habÃan tenido tiempo de observarle. Y ahora le contemplaban como a un demonio de la guerra.
El amigo se acercó a él tambaleándose. Su voz expresaba algo de congoja y temor.
—¿Estás bien, Fleming? ¿Te sientes bien? No te pasa nada, Henry, ¿verdad?
—No —dijo el joven con dificultad. SentÃa la garganta atenazada por nudos y púas.
Estos incidentes hicieron meditar al muchacho. Se dio cuenta de que podÃa ser un bárbaro, una bestia. HabÃa luchado como un pagano en defensa de su religión. Pensó que todo habÃa sido noble, salvaje y hasta cierto punto sencillo. Se habÃa convertido en una figura extraordinaria, no cabÃa duda. Con esta pelea habÃa superado obstáculos que antes consideraba montañas. Se habÃan derrumbado como un castillo de naipes y ahora era lo que él llamaba un héroe. Y no se habÃa percatado del proceso. Se habÃa ido a dormir y habÃa despertado transformado en caballero.