La roja insignia del valor
La roja insignia del valor El oficial que montaba como un vaquero meditó por un instante.
—Bueno —dijo—, tuve que enviar al décimosegundo regimiento para ayudar al setenta y seis; o sea que apenas me sobra gente. Aunque tengo al 304.º. Luchan como un hatajo de muleros. Si tengo que deshacerme de alguien, prefiero que sean ellos.
El joven y su compañero intercambiaron miradas de estupor.
El general respondió al punto.
—Prepárelos entonces. Me quedaré aquà observando cómo se desarrolla todo y le avisaré en cuanto tenga que ponerlos en marcha. Seguramente, será en cinco minutos.
Mientras el oficial se llevaba los dedos a la gorra, daba media vuelta a su caballo y se alejaba, el general le gritó con voz sobria.
—No creo que regresen muchos de sus muleros…
En respuesta, el otro gritó algo. Sonrió.
El joven y su compañero se apresuraron a regresar a la formación con el miedo en los semblantes.