La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¿Seguro? Vaya, ¡que me aspen! ¿Cargar? ¿Para qué? ¿Contra qué? Wilson, estás mintiendo.
—Tan cierto como que algún dÃa moriré —dijo el muchacho, elevando el tono hasta el de protesta airada—. Tan seguro como la luz del sol, te lo aseguro.
Y su amigo habló para reforzar aquellas palabras.
—No está mintiendo en absoluto, maldita sea. Les oÃmos decirlo.
A cierta distancia, divisaron dos figuras montadas. Una era el coronel del regimiento y la otra el oficial que habÃa recibido las órdenes del jefe de la división.
Hablaban entre sà y gesticulaban. El soldado, señalándolos, interpretó la escena para sus compañeros.
Un hombre expuso una objeción final:
—¿Cómo pudisteis escuchar lo que decÃan?
Pero la mayorÃa de los hombres asintió con la cabeza, convencidos de que los dos amigos habÃan sido sinceros.
Retomaron la actitud de espera con aires de haber aceptado la situación. Meditaban sobre ella con cientos de expresiones diferentes. TenÃan algo importante en lo que pensar. Muchos se apretaron los cinturones y se subieron el talle de sus pantalones.