La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Poco después, los oficiales comenzaron a moverse entre los hombres, empujándolos para que se agruparan en formaciones más compactas, mejor alineadas. Perseguían a los rezagados y se encolerizaron con aquellos que, por su actitud, parecían tener la intención de quedarse donde estaban. Parecían pastores exigentes luchando con las ovejas.
Enseguida dio la impresión de que el regimiento estaba preparado y pareció inspirar profundamente. Ningún semblante reflejaba grandes reflexiones. Los soldados se hallaban encorvados e inclinados hacia delante como velocistas esperando la señal. Desde los rostros sombríos, muchos pares de ojos brillantes escrutaban la espesura del bosque más profundo. Parecían atareados en complicados cálculos sobre tiempos y distancias.
Se hallaban rodeados por el estruendo que producía la gigantesca disputa de los dos ejércitos. El interés primordial del mundo estaba, pues, en otra parte. Al parecer, el regimiento iba a tener que solventar su pequeño problema en solitario.