La roja insignia del valor
La roja insignia del valor El muchacho se volvió para dirigir una mirada inquisitiva a su amigo. Éste le devolvió la misma mirada. Eran los únicos que conocían los detalles de la situación. «Muleros… Pagarlo caro… No creo que regresen muchos». Era un secreto lleno de ironía. Pero ninguno de ellos vio en el rostro del otro vacilación alguna, y ambos asintieron en silencio y sin rechistar cuando, a su lado, un hombre peludo murmuró con voz calma:
—Nos van a destrozar.