La roja insignia del valor
La roja insignia del valor A medida que el regimiento progresaba desde su posición hasta un claro, los árboles y los matorrales perecieron cobrar vida. Surgieron llamaradas amarillas desde todas las direcciones. El bosque les presentaba una batalla tremenda.
Durante un rato, la formación avanzó en orden. Luego el ala derecha se adelantó y, a su vez, fue sobrepasada por la izquierda. Después, la parte central se puso al frente hasta que el regimiento se transformó en una muchedumbre con forma de cuña, pero enseguida la oposición de arbustos, árboles y desniveles del terreno deshizo la formación y la desgajó en varios grupúsculos.
El joven, veloz, corría en vanguardia con inconsciencia. La mirada fija todavía en el grupo de árboles. Alrededor de ese punto podía oírse el aullido tribal del enemigo. Las pequeñas llamaradas procedentes de los rifles salían desde allí. El cántico de las balas surcaba el aire y las granadas rugían entre las copas de los árboles. Una cayó directamente en medio de un grupo que avanzaba deprisa y estalló con furia carmesí. Casi en el mismo instante de la explosión, pudo verse la imagen de un hombre levantando las manos para protegerse los ojos.
Otros, alcanzados por balas, caían en agonías grotescas. El regimiento dejaba tras de sí una estela de cadáveres.