La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Para estos momentos de irritación, el joven habÃa desarrollado una apacible teorÃa.
—Oh, bueno —replicó—, probablemente no ha podido ver nada de nada, se ha puesto como un loco y ha sacado la conclusión de que éramos una panda de corderitos, solamente porque no hicimos lo que él querÃa que hiciésemos. Es una pena que ayer matasen al abuelo Henderson, el viejo sà que hubiera reconocido que hicimos todo lo que pudimos y que luchamos bien. No es más que nuestra pésima suerte, eso es todo.
—Lo mismo pienso yo —dijo el amigo, que parecÃa muy dolido por la injusticia—. Hemos tenido una suerte horrible. No tiene ningún sentido luchar para la gente y que luego te digan que lo haces fatal. La próxima vez pienso quedarme atrás y que se encarguen ellos de atacar y se vayan con su carga al infierno.
El muchacho intentó calmar a su compañero.
—Bueno, tú y yo hemos combatido bien. Me gustarÃa saber si hay algún imbécil capaz de decir que nosotros dos no hicimos todo lo que pudimos.