La roja insignia del valor
La roja insignia del valor En una cuesta en la que serpenteaba una carretera, unos hombres corrían furiosa y desesperadamente hacia delante y hacia atrás, en avalanchas desenfrenadas. Estas facciones de los ejércitos eran como olas gigantescas que se arrojaban unas sobre otras en los lugares indicados. El embravecimiento pasaba de un lado a otro. A veces un lado proclamaba con gritos y vítores su victoria definitiva, pero un instante después el lado contrario era el que estallaba en gritos y vítores. En cierta ocasión el joven vio un tropel de figuras claras que saltaron como perros de presa sobre las ondulantes líneas azules. Tras muchos alaridos, se alejaron con una buena cantidad de prisioneros entre las fauces. De nuevo, contempló cómo una ola azul arremetía contra una obstrucción gris con tal fuerza estruendosa que dio la impresión de que la arrancaba de la faz de la tierra y no dejaba más que la hierba pisoteada. Y en cada una de estas rápidas y letales embestidas, los hombres gritaban y aullaban como dementes.