La roja insignia del valor
La roja insignia del valor EL CORONEL LLEGĂ“ CORRIENDO desde la retaguardia. Le seguĂan otros oficiales.
—¡Hay que ir a la carga! —gritaron—. ¡Hay que ir a la carga!
Aullaban con rencor, como si previeran que los hombres se rebelarĂan contra la orden.
El joven, al oĂr aquellos gritos, comenzĂł a meditar sobre la distancia que le separaba del enemigo. Hizo cálculos aproximados. ComprendiĂł que para comportarse como verdaderos soldados, debĂan avanzar. Quedarse donde estaban supondrĂa la muerte y, dadas las circunstancias, retroceder exaltarĂa aĂşn más al enemigo. Su esperanza residĂa en expulsar a aquellas mortificantes tropas de la cerca.