La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Por la tarde el regimiento volvió a recorrer el terreno que ya había transitado por la mañana. Al chico, el entorno ya no le resultó amenazante. Se había familiarizado con él.
Sin embargo, cuando comenzaron a adentrarse en una región nueva, le volvieron a asaltar los viejos temores de estupidez e incompetencia, pero esta vez no peleó contra ellos. Estaba concentrado en su problema, y en su desesperanza concluyó que la estupidez era algo que no importaba demasiado.
Una de las veces pensó que lo mejor era que le mataran cuanto antes y así acabar con sus problemas. Así vista, la muerte parecía un descanso, y por un momento se sorprendió de haber sufrido una conmoción ante la mera idea de que le mataran. Moriría, e iría a algún lugar donde encontraría comprensión. Era inútil esperar que tipos como el teniente apreciaran su juicio fino y profundo. Debía buscar la comprensión bajo la tumba.
El fuego de escaramuza aumentó hasta convertirse en una larga ráfaga. Se oyeron también vítores lejanos. Una batería tronó.