La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Los seguros de las armas emitieron un chasquido.
A través de los campos infestados de humo llegó un enjambre marrón de hombres que corrÃan y lanzaban gritos estridentes. Iban agachados, blandÃan sus rifles en todas direcciones. Una bandera, inclinada hacia delante, se apresuraba al frente.
En cuanto los vio, al joven le asaltó el miedo instantáneo de que su arma tal vez no estuviera cargada. Permaneció allà tratando de recomponer su vacilante pensamiento para poder recordar el momento en que la habÃa cargado, pero no fue capaz.
Un general que habÃa perdido su sombrero, detuvo su caballo sudoroso al lado del coronel del 304.º. Y agitó el puño ante sus ojos.
—¡Tenéis que detenerlos! —gritó con violencia—. ¡Tenéis que detenerlos!
Turbado, el coronel comenzó a tartamudear:
—D… de a… acuerdo, general, de acuerdo. ¡Por Dios, que ha… ha… haremos… haremos todo lo que podamos, general!
El general hizo un gesto colérico y se alejó al galope. El coronel, tal vez para aliviar sus sentimientos, comenzó a dar órdenes como un papagayo. El joven se volvió con rapidez para asegurarse de que la retaguardia estaba en calma y vio al comandante mirar hacia sus hombres con enorme rencor, como si por encima de todas las cosas lamentara su relación con ellos.