La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Un soldado joven había estado escuchando con ansiedad las palabras del soldado alto y los diversos comentarios que habían suscitado en sus compañeros. Cuando se hartó de discusiones sobre marchas y ataques, se dirigió a su barraca y se arrastró a través del intrincado agujero que hacía de puerta. Deseaba rumiar a solas ciertos pensamientos que le asaltaban últimamente.
Se echó en la amplia litera que se extendía al fondo de la habitación. En el otro extremo de la estancia, varios embalajes de galletas servían de mobiliario. Se hallaban agrupados cerca de la chimenea. En la pared de troncos descansaba la foto de una revista semanal y, colgados de ganchos, tres rifles se alineaban en paralelo. Varias piezas del equipo pendían de unos salientes situados al alcance de la mano, y algunos platos de hojalata reposaban sobre una pila de leña. Una tienda de campaña plegada les servía de techo.
La luz del sol, al caer sobre ella, le confería un brillo amarillo claro. Un ventanuco arrojaba un cuadrado oblicuo de luz invernal sobre el suelo abarrotado. El humo de la hoguera en ocasiones se salía de la chimenea de arcilla e inundaba la estancia. Aquella endeble chimenea de arcilla y ramas amenazaba constantemente con prender fuego a toda la barraca.