La roja insignia del valor
La roja insignia del valor El joven pasaba por una especie de pequeño trance de estupor. Así que, finalmente iban a luchar. Tal vez, al día siguiente habría una batalla, y él tomaría parte en ella. Le costó tiempo y esfuerzo hacerse a la idea. No podía aceptar del todo el presentimiento de que estaba a punto de tomar parte en uno de los grandes conflictos de la Tierra.
Por supuesto que había soñado con batallas toda su vida, con vagos y sangrientos conflictos cuyo fuego y devastación le sobrecogieron el ánimo. Se había imaginado en numerosas contiendas. Había fantaseado con la idea de que las gentes hallaban seguridad bajo la sombra de su valor y su mirada de lince. Pero, despierto, veía las batallas como manchas sangrientas en las páginas del pasado. Las tomaba por cosas del ayer, asociadas a fabulaciones de pesadas coronas y altos castillos. Había una parte de la historia del mundo que él consideraba como el tiempo de las guerras, pero ese tiempo, creía, había desaparecido para siempre.