La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —Tompkins, vaya a ver a Taylor y dÃgale que no tenga tanta prisa, dÃgale que detenga a su brigada a la entrada del bosque, dÃgale que destaque un regimiento…, dÃgale que, en mi opinión, nos van a abrir una brecha por el centro si no echamos una mano; dÃgale que se dé prisa.
Sobre un estupendo caballo castaño, un joven esbelto recibió las rápidas palabras de su superior. Con la prisa de llevar a cabo su misión, hizo que el animal pasara casi directamente desde el paso lento al galope. Y dejó tras de sà una nube de polvo.
Un momento después, el joven vio al general dando brincos nerviosos en su montura.
—SÃ, ¡por todos los santos, lo han conseguido! —el oficial se inclinó hacia delante. Su rostro estaba iluminado por la emoción—. SÃ, ¡por todos los santos, los han repelido, los han repelido!
Comenzó a gritar con alegrÃa ante su estado mayor:
—Ahora les daremos una paliza. ¡Les daremos una paliza! Ya son nuestros, no hay duda —de pronto se volvió hacia un edecán—: Usted… Jons, rápido… vaya tras Tompkins… hable con Taylor… dÃgale que entre… como un rayo… en tropel… como sea.