Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Al aproximarse al lugar donde se peleaban los chicos, el hombre se detuvo a contemplarlos apáticamente. De pronto, soltó un juramento y avanzó hacia los luchadores que se revolcaban en el suelo.
—Para, Jimmie, levántate ahora mismo o te arranco la piel a tiras, maldito golfo alborotador.
Comenzó a dar patadas a la masa caótica que yacÃa en el suelo. El pequeño Billie sintió que alguien le daba una contundente patada con una bota. Hizo un esfuerzo desesperado y se desembarazó de Jimmie. Se alejó tambaleándose y profiriendo insultos.
Jimmie se levantó del suelo con gran dificultad y, enfrentándose a su padre, empezó a insultarlo. Éste le dio una patada:
—Vete a casa ahora mismo —ordenó—. Cállate o te aplasto la cabeza para siempre.
Se marcharon. El hombre parecÃa caminar plácidamente, con la pipa de madera de manzano entre los dientes, como si se tratara de todo un emblema de serenidad. El niño lo seguÃa a poca distancia, insultándolo en voz alta, porque consideraba que alguien como él, que tenÃa intención de convertirse en soldado y se sentÃa un hombre de sangre con una especie de noble privilegio, estaba recibiendo el trato degradante de que su padre lo llevara de vuelta a casa.