Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle El joven interrumpió su sonrisa de adoración y lanzó una seca mirada a Pete. Su rostro juvenil enrojeció y se lamentó a la mujer.
—Hombre, Nellie, esto no está bien. ¿No me vas a dejar para irte con este tipo? Me parece que…
—Pero bueno, querido, por supuesto que no —protestó la mujer afectuosamente. Se inclinó y le susurró al oído. Él sonrió de nuevo y se acomodó en la silla, como si de pronto se mostrara dispuesto a esperar pacientemente.
Mientras la mujer caminaba entre las filas de mesas, Pete hablaba con convicción a su lado como si le diera explicaciones. La mujer movía las manos con aire de afectada indiferencia. Las puertas se cerraron tras de sí, dejando a Maggie y al joven solos.
Maggie estaba aturdida. Apenas alcanzaba a comprender que acababa de ocurrir algo de gran trascendencia. Se preguntaba por qué a Pete le parecía adecuado discutir con esa mujer y suplicar con su mirada que lo perdonara. Le pareció discernir un aire de sumisión en su arrogante Pete. No salía de su asombro.
El joven se entretenía con las bebidas y un puro. Permaneció en absoluto silencio durante media hora. Entonces se revolvió en la silla y habló.
—Bueno —dijo con un suspiro—. Ya me imaginaba que ocurriría esto. —De nuevo se hizo el silencio. El joven adoptó una actitud meditativa.