Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Pete la miró con profunda irritación. Enrojeció con toda la furia de un hombre que ve amenazada su respetabilidad.
—Oye, me estás hartando, ¿sabes? ¿Por qué me sigues? ¡Me vas a crear problemas con mi jefe y se va a enfadar! Si ve a una mujer por aquÃ, se pondrá furioso y me quedaré sin trabajo. ¿Es que no tienes sentido común? Deja de molestarme, tu hermano vino aquà un dÃa, armó jaleo y al viejo por poco le da algo. Ahora me la voy a cargar, ¿sabes? Me la voy a cargar.
La joven lo miró fijamente a la cara.
—Pete, no te acuerdas…
—¡Qué demonios! —interrumpió Pete, anticipándose a sus palabras.
La joven parecÃa mantener una lucha consigo misma. ParecÃa confusa y era incapaz de hablar. Al final dijo en voz baja.
—Pero ¿a dónde puedo ir?
La pregunta exasperó a Pete. Era un claro intento de cargarle con la responsabilidad de un asunto que no le concernÃa. Empezó a hablarle presa de la indignación.
—¡Vete al infierno! —exclamó mientras daba un furioso portazo para, poco después, volver a su apariencia de respetabilidad.
Maggie se marchó.