Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —El otro dĂa vino un tipo que querĂa hacerse el amo. ¡Estaba muy dispuesto a ello! Vi que estaba bebido y no querĂa servirle nada, asĂ que le dije: «Lárgate de aquĂ y no me metas en lĂos». Se lo dije tal cual: «Lárgate de aquĂ y no me metas en lĂos». Tal cual. «Lárgate», le dije.
Jimmie asentĂa con la cabeza en un gesto de comprensiĂłn. Su rostro reflejaba que estaba deseando demostrar su valor en una crisis semejante, pero el narrador continuĂł:
—Pues el tipo va y me dice: «Vete al carajo, yo no busco bronca, pero», dice, «soy un ciudadano respetable y quiero una copa rápida». «Y un cuerno», le repliqué. Tal cual. «No armes una bulla». Entonces el tipo va y me dice que está tan fresco y que quiere que le sirva una copa rápida. Eso es lo que dijo. ¿Comprendes?
—Claro —dijo Jimmie. Pete continuó:
—Total, saltĂ© la barra de un brinco y le aticĂ© de lo lindo. ¡Ya lo creo! ¡Le di en plena mandĂbula! Caray, tirĂł una escupidera por la ventana. Yo creĂ que me daba algo. En esas que entra el jefe y me dice: «Pete, has hecho lo correcto. Debes mantener el orden y basta». ÂżEntiendes? «Y basta», dijo. ¡Eso es lo que dijo!
Los dos jóvenes mantuvieron una conversación de tipo técnico.