Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle La orquesta de mujeres ataviadas con seda amarilla y de hombres calvos tocó varios compases a modo de preámbulo, y una chica vestida con un traje rosa de falda corta salió galopando al escenario. Sonrió a la multitud como si hubiera recibido una cálida bienvenida y comenzó a ir de un extremo a otro del escenario haciendo grandes gestos y cantando una melodía ininteligible con una estridente voz de soprano. Cuando inició el veloz y vibrante estribillo, varios de los hombres achispados que se habían agolpado frente al escenario se le unieron golpeando sus vasos sobre la mesa para seguir el ritmo. El público se inclinaba hacia delante con la intención de ver a la artista y escuchar la letra de la canción. Cuando la joven desapareció, se escuchó un sonoro aplauso.