Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle La mujer se lanzó hecha una furia contra un grupo de chicos que se había mostrado muy descarado. Ellos rieron divertidos y luego se escabulleron, interpelándola mientras se alejaban varios metros. La mujer permaneció en el borde de la acera, tambaleándose e insultándolos.
—¡Demonios de críos! —exclamó, agitando violentamente los puños. Los chicos daban gritos de júbilo. Cuando comenzó a enfilar la calle hacia arriba, el corrillo la siguió ruidosamente. De vez en cuando, ella se daba la vuelta y cargaba contra ellos. Pero se escabullían con agilidad y se burlaban de ella.
Se detuvo por unos instantes en el umbral de una puerta mugrienta, al tiempo que profería insultos. Su pelo revuelto, al agitarse, daba a sus facciones enrojecidas un aire de locura. Sus enormes puños temblaban al blandirlos.
Los muchachos continuaron con su terrorífico estruendo hasta que ella dio media vuelta y desapareció. Entonces se marcharon en silencio por donde habían venido. La mujer estuvo dando tumbos por el vestíbulo del bloque de pisos, y subió la escalera dando bandazos. En uno de los pasillos de arriba se abrió una puerta y se asomaron varias cabezas, mirando con curiosidad. La mujer se enfrentó con la puerta lanzando un grito de ira, pero esta se cerró de golpe y alguien echó la llave.