Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Permaneció inmóvil durante unos minutos, desafiando frenéticamente las paredes.
—Sal al pasillo, Mary Murphy, maldita seas, sal si quieres y pelea. Acércate, perra ladradora.
Comenzó a patear la puerta con sus enormes pies. Gritaba con furia y desafió el universo a que apareciera para librar batalla. Sus insultos desataron la voz de alarma entre las puertas de todos los vecinos menos a los que amenazaban. Sus ojos refulgían en todas direcciones y blandía los puños.
—Venga, maldita pandilla —rugía contra los espectadores. Recibió una sarta de insultos a modo de réplica, acompañados de un sinfín de silbidos, abucheos y risas de mofa. Varios proyectiles se estrellaron a sus pies.
—¿Qué demonios te pasa? —preguntó una voz desde la oscuridad. Jimmie apareció como salido de la nada. Llevaba una fiambrera en la mano y un fardo con el delantal marrón de conductor bajo el brazo—. ¿Qué demonios está pasando? —insistió.
—Venga, salid todos, salid —aullaba su madre—. Salid que os voy a destrozar los sesos.
—Cierra el pico y entra en casa, maldita vieja —refunfuñó Jimmie. Ella avanzó hacia su hijo y le retorció los dedos en la cara. Sus ojos lanzaban llamaradas de cólera y todo su cuerpo temblaba por las ansias de pelea.