Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —¡Al infierno contigo! ¿Y quién demonios eres tú? ¡Me importas un comino! —exclamó. Giró su inmensa espalda en un gesto de total desprecio y subió las escaleras hasta el piso superior.
Jimmie la siguió al tiempo que la insultaba amenazadoramente. Al final del tramo asió a su madre por el brazo y comenzó a arrastrarla hasta la puerta del piso.
—¡Entra en casa, maldita seas! —exclamó.
—¡Quítame las manos de encima! ¡Quítame las manos de encima! —chilló su madre.
Levantó el brazo y lanzó su enorme puño contra el rostro de su hijo. Jimmie agachó la cabeza y recibió el golpe en la nuca.
—¡Maldita seas! —masculló de nuevo. Con los dedos de la mano izquierda le sujetó con fuerza el brazo. Madre e hijo comenzaron a forcejear como un par de gladiadores.
Un alarido emergió de los pisos de Rum Alley, y el pasillo se llenó de curiosos.
—¡Eh, vieja, ese golpe estuvo muy bien!
—¡Tres a uno por el rojo!
—Pero bueno, ¡dejad ya esta pelea!
La puerta de la casa de los Johnson se abrió, y Maggie asomó la cabeza. Jimmie hizo un último esfuerzo y logró que su madre entrara. La siguió rápidamente y cerró la puerta. El vecindario de Rum Alley parecía decepcionado y al cabo de un rato se dispersó.