Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle La madre se levantó lentamente del suelo. Sus ojos brillaban amenazadoramente hacia sus hijos.
—Vale ya —empezó Jimmie—. Basta. Ahora siéntate y no causes más problemas.
La asió del brazo y, mientras se lo retorcÃa, la obligó a sentarse sobre una silla que crujÃa.
—QuÃtame las manos de encima —protestó de nuevo su madre.
—Maldito sea tu pellejo —gritó Jimmie hecho una furia. Maggie chilló y se fue corriendo a otra habitación. En ella pudo oÃr el ruido provocado por un sinfÃn de destrozos e insultos. Se escuchó un gran estrépito final y la voz de Jimmie gritó:
—Maldita seas, estate quieta.
Maggie abrió la puerta y se aventuró a salir.
—Oh, Jimmie.
El muchacho estaba apoyado contra la pared y soltaba palabrotas. TenÃa sangre en sus brazos musculosos porque se los habÃa arañado contra el suelo y las paredes durante el forcejeo. La madre yacÃa en el suelo y chillaba, mientras las lágrimas le resbalaban por el rostro surcado de arrugas.