Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —Qué demonios, Mag —susurró Pete al oÃdo de Maggie—. Todo esto pasará. La vieja se repondrá a primera hora. Ven conmigo, y verás lo bien que lo pasamos.
La madre profirió insultos desde el suelo. Jimmie estaba absorto con sus brazos. La joven contempló la habitación, que estaba recubierta de una masa informe de escombros, y el enrojecido y contorsionado cuerpo de su madre.
—Vete al infierno y que te pudras.
Maggie se marchó.