Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Los tres seres que sacaban espuma por la boca y se peleaban en el suelo se enzarzaron en un sangriento frenesí. Detrás de la estela de proyectiles y puños se escucharon algunas desconocidas oraciones, quizá fúnebres.
El silencioso forastero cayó despatarrado teatralmente sobre la acera, y las risas se escucharon a lo largo de media manzana de la avenida.
—Han echado a un tipo a la calle.
La gente acudió a raudales al oír el ruido de cristales rotos y de pies arrastrándose dentro del bar. Se había formado un corrillo que observaba agazapado por debajo de las puertas de bambú la rotura de cristales y los tres pares de violentas piernas. El corrillo no tardó en convertirse rápidamente en una multitud.
Un policía se acercó corriendo por la acera y se precipitó hacia el interior del establecimiento. La multitud se replegó para concentrar sus ansias de observación.
Jimmie fue el primero que se percató de la interrupción que se acercaba. Cuando se tenía en pie, sentía el mismo respeto por la policía que por un camión de bomberos cuando montaba en su carreta. Lanzó un aullido y se precipitó hacia la puerta lateral.