Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle El policía avanzó a zancadas, sosteniendo una porra en la mano. Un giro amplio de su arma arrojó al compañero de Jimmie contra el suelo y empujó a Pete contra un rincón. Con la mano libre se esforzó por agarrar los faldones de la chaqueta de Jimmie. Recobró el equilibrio e hizo una pausa.
—Bueno, menudas pintas. ¿Qué demonios habéis estado haciendo?
Jimmie, con el rostro empapado de sangre, se escapó por una callejuela lateral, seguido a corta distancia por aquellos miembros de la multitud que o bien eran los más amantes de la ley o los que estaban más impresionados por la escena.
Más tarde, desde el oscuro abrigo que ofrecía una esquina, vio al policía, al compañero y al camarero salir del establecimiento. Pete cerró las puertas y subió la avenida detrás del policía rodeado por la multitud.
En un primer momento Jimmie, a quien le latía fuertemente el corazón por el calor de la lucha, pensó en ir a rescatar a su amigo, pero se detuvo.
—Anda, ¿qué demonios? —se preguntó.