Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —¿Qué estás diciendo? ¿Dejarla venir para que duerma bajo el mismo techo que su madre? ¿Lo dices de verdad? DeberÃas avergonzarte, Jimmie Johnson, de hablar asà a tu propia madre… ¡A tu propia madre! Jamás pensé…
Se ahogó en sollozos e interrumpió sus reproches.
—Bueno, no es para tanto —dijo Jimmie—. Yo sólo pensaba que serÃa mejor si mantuviéramos oculto todo este asunto. ¿Nos perjudica, sabes?
Su madre lanzó una risotada que pareció reverberar por toda la ciudad en un eco amplificado por el resto de carcajadas.
—¡Ah, sÃ! ¡Muy bien, entonces!
—Pero ¿tú crees que soy idiota? —dijo Jimmie indignado ante la burla de su madre—. Yo no he dicho que la convirtiéramos en un ángel virginal, pero tal como está ahora nos está perjudicando. ¿Es que no te das cuenta?
—Claro, ya se cansará de esa vida y entonces querrá volver a casa, la muy zorra. ¡No se lo permitiré!
—Bueno, no estaba pensando precisamente en esas bobadas de la hija pródiga —aclaró Jimmie.
—De todos modos, no era una hija pródiga, tonto —apuntó la madre—, sino el hijo pródigo.
—Ya lo sé —replicó Jimmie.