Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Permanecieron un rato en silencio. La mirada de la madre se regodeaba contemplando las vÃvidas escenas de su imaginación. Sus labios esbozaban una sonrisa vindicativa.
—Llorará, ya lo verás, y nos contará que Pete o cualquier otro hombre la pega, dirá que lo siente y que no es feliz, y que por eso quiere regresar a casa, ya lo creo.
Con un humor siniestro la madre imitaba los posibles lamentos de su hija.
—Asà que yo la recogeré, claro, la muy cretina. Puede llorar todo lo que quiera, porque no ensuciará mi casa con su presencia. Ha insultado y maltratado a su propia madre… a su propia madre que tanto la querÃa, y no va a volver a tener otra oportunidad.
Jimmie estaba pensando que conocÃa muy bien la debilidad femenina, pero no podÃa comprender por qué alguien de su familia tenÃa que ser una de las vÃctimas.
—Maldita sea —dijo con fervor.
De nuevo se preguntó vagamente si alguna de las mujeres que él conocÃa tenÃa hermanos. Sin embargo, ni se le pasó por la cabeza identificarse con uno de esos hermanos ni a su hermana con las de ellos. Después de que la madre consiguiera, con gran dificultad, contener a los vecinos, volvió a reunirse con ellos y proclamó su sufrimiento: