La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Su reparación fue una maravilla. Incluso él se sintió obligado a admitirlo; pero la cicatriz todavía era visible para ojos entrenados como los suyos, y una línea fina le recorría el rostro, hacia abajo y de derecha a izquierda. Sin embargo, se habían dado todas las condiciones para una cura óptima; la masilla se había asentado sólidamente en el primer intento y el tiempo había sido bueno y seco, circunstancia que resulta fundamental para un hospital de muñecas.
Al final comprendió que no podía hacer más, y además la enfermera auxiliar les había visitado en dos ocasiones para ver si había acabado ya con el trabajo, como dijo la joven con tan zafia expresión.
—Nina no está lo suficientemente recuperada todavía —respondía el señor Puckler en cada ocasión; no era capaz de enfrentarse a la idea de que se la arrebataran.