La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes El señor Puckler se pasó la mano por los ojos y miró a su alrededor. PodÃa ver todo con bastante claridad, y se sentÃa como si hubiera estado durmiendo, aunque estuviera de pie en lugar de sentado, como hubiera sido el caso si acabara de despertar. La vela ardÃa muy brillante ahora. Allà estaban las muñecas que esperaban ser reparadas, tumbadas en fila con los dedos de los pies hacia arriba. La tercera habÃa perdido su zapato derecho y Else estaba haciéndole uno. Él lo sabÃa, y sin duda alguna ahora no estaba soñando. No habÃa estado soñando cuando regresó de su inútil búsqueda y escuchó los pasos de la muñeca corriendo hacia la puerta. No se habÃa quedado dormido en la silla. ¿Cómo iba a poder dormir cuando tenÃa el corazón hecho añicos? HabÃa estado despierto todo el tiempo.
Se calmó, colocó la silla caÃda sobre sus patas y se dijo a sà mismo de nuevo y poniendo mucho énfasis que era un viejo estúpido. DeberÃa estar fuera en las calles buscando a su hija, haciendo preguntas e indagando en las comisarÃas, donde se informa de todos los accidentes en cuanto son conocidos, o en los hospitales.
—¡Pa-pá!