La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes El débil grito con sonido a madera, ansioso, lastimero y quejumbroso sonó en el pasillo, al otro lado de la puerta, y el señor Puckler se quedó quieto durante unos segundos con el rostro lívido, petrificado, y los pies clavados en el suelo. Un segundo después su mano estaba en el pestillo. A continuación salió al pasillo y la luz se derramó desde el cuarto a través de la puerta abierta a sus espaldas.
En el extremo más alejado vio al pequeño espectro brillando nítidamente en la penumbra; con la mano derecha parecía llamarlo al tiempo que levantaba y bajaba el brazo una vez más. Supo de inmediato que no había venido a asustarle, sino a conducirle a algún lugar, y cuando desapareció y él avanzó armado de valor hacia la puerta, vio que la muñeca estaba en la calle, esperándole. Se olvidó de que estaba cansado y que no había cenado, y que había estado andando kilómetros, porque una repentina esperanza le inundó de arriba abajo, como una corriente dorada de vida.