La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes —¿En serio? Supongo que es lo más apropiado cuando acaba la función, ¿verdad?
—Si la función ha sido entretenida, sà —respondÃ, haciendo que recobrara su buen humor.
Volvió sus maravillosos ojos violeta hacia mÃ, llenos de luz.
—No ha sido una mala función. No me quejo.
—¿Por qué habla como si ya hubiera acabado?
—Se lo diré, porque estoy segura de que sabrá guardarme el secreto. Lo hará, ¿verdad? Hemos sido siempre tan buenos amigos, usted y yo, desde hace dos años, cuando yo era todavÃa joven y estúpida. ¿Prometerá no contárselo a nadie hasta que me haya ido?
—¿Se haya ido?
—SÃ. ¿Me lo promete?
—Por supuesto que sÃ. Pero… —no acabé la frase, porque la señorita Lorna se inclinó acercándose a mÃ, como si quisiera hablar en un tono mucho más bajo. Mientras escuchaba, podÃa sentir su dulce y joven aliento en mi mejilla—. Me voy esta noche con el hombre que se va a sentar a su otro lado —dijo—. Llega un poco tarde, lo hace con frecuencia, porque está tremendamente ocupado, pero al final llegará, y tras la comida saldremos a dar un paseo por los jardines y no volveremos nunca más. Ese es mi secreto. No me traicionará, ¿verdad?